La semana pasada tuve el enorme privilegio de ser formadora del Grupo Académico Nacional (GAN) que tiene la enorme tarea y responsabilidad de bajar a los Grupos Académicos Estatales y ellos a su vez a los maestros en servicio la Reforma Integral de la Educación Básica.

Es un proceso que inicio en 2004 con la reforma a la educación preescolar, continúo con la de  la educación secundaria en 2006 y finalmente concluyó con la reforma de la educación primaria en 2009, para dar paso a su articulación en el 2011, en suma  8 años ha llevado esté  proceso aún inacabado, hasta que cada maestro de la educación básica de este país se dé por enterado de los cambios y construya los caminos para su aplicación del aula.

Una enseñanza centrada en el alumno significa, entre muchas cosas, mostrarle el camino para lograr la autonomía en su aprendizaje, lo que implica sin duda, un reto de grandes dimisiones  para el sistema educativo de nuestro país, pues básicamente se trata de transformar la forma de actuar de sus maestros.

En este sentido, planteaba yo al GAN, lo importante de generar en los maestros ambiciones intelectuales, al momento de soltar estas dos palabras, no paso nada,  pero al día siguiente, de los 33 maestros integrantes del grupo, se me acercaron 2 para plantearme sus ambiciones intelectuales: construir mapas  conceptuales  y redactar casos de estudio.

De acuerdo con datos de la SEP en México hay alrededor de un millón de maestros de educación básica, si lográramos que en la misma proporción (6%) del grupo de 33, se expresaran las ambiciones intelectuales del millón, registraríamos 60,606 necesidades sentidas del magisterio, y con ello quizás una mejora en la lógica en la construcción de propuestas y procesos de formación continua centrados en las ambiciones intelectuales del maestro, y con ello fortalecer su propio aprender a aprender, que a su vez repercutirá en el aprender a aprender de sus alumnos.