En unas horas estaré frente a mi grupo de Comunicación Educativa, de la carrera de Pedagogía de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Mi madre dice, y dice bien: que la experiencia te llega cuando ya no te sirve para nada, entiendo en sus palabras que se refiere a la falta de energía que puede escasear cuando ya se sabe exactamente que hacer en una situación dada.

No sé cuánta experiencia debe tener un maestro para decir que domina la materia, yo en lo personal, cada semestre me siento en 0; cada semestre es una nueva puesta en escena de la obra tantas veces ensayada, pero en el minuto uno del primer acto, me doy cuenta que como dicen los actores: hay que limpiar la obra.

Jorge Ibarguengoitia, en uno de sus libros dice que si te dedicas a algo donde constantemente enfrentas a un público siempre tienes que estar preparado, ser docente es una de esas dedicaciones, yo me preparo lo mejor que puedo, pero la educación es una amante caprichosa, no hay ramo de rosas rojas que alcance, ni la complazca, hay que hacerle la corte todos los días.

Sé que este semestre que empieza aumentarán mis conocimientos,  y mis alumnos y yo nos arranquemos las sonrisas y carcajadas acostumbradas; que mis exalumnos en el encuentro casual de los pasillos se detendrán y me saludarán gentil y animosamente como siempre…algo en todo esto debe estar bien hecho, quizás se lo deba la cúmulo de vida en estos haceres que se me andan convirtiendo en experiencia.